Etapas del Camino

Los datos y perfiles de las etapas aquí descritas han sido reseñadas por Javier García y expuestas en su blog “El camino de Santiago en bicicleta.” Queremos desde aquí enviar nuestro agradecimiento y felicitación por tan extraordinaria aportación.

Por motivos de organización ó cualquier otra razón las etapas podrán estar sujetas a modificaciones que serán comunicadas con suficiente antelación.

Ponemos como uno de los objetivos poder llegar en horas establecidas a los lugares de destino para disfrutar también así de las muchas alegrías que estos nos pueden brindar, visitas, degustaciones de especialidades gastronómicas, vinos y otros aspectos que queramos conocer.


Desde Santiponce, las ruinas de Itálica, dirección a La Algaba, un boscaje de eucaliptos a la izquierda da paso a una amplia pista de servicio de Emasesa: una interminable recta sin arbolado, entre supuestos campos de algodón, con Guillena en el horizonte.

Tras abandonar Guillena por la carretera de Burguillos, tomamos la Cañada Real de las Islas. Con una serie de suaves toboganes, comienza un tramo de olivar en cómodo pero continuo ascenso en nuestro primer contacto con la Sierra Norte de Sevilla. Con la primera portela de la Vía de la Plata, el olivar da paso al bosque mediterráneo, poblado de encinas, jaras y chaparros. Un paisaje extraordinario y el silencio que lo inunda nos proporcionan un momento único de recogimiento.

En paralelo a la A-8002, alcanzamos Castilblanco de los Arroyos. A la salida del pueblo, un largo y pesado tramo por la SE-185 nos regala 15 km de continuo ascenso rodeados de alcornoques y dehesas de ganado vacuno, hasta la entrada del Parque Natural los Berrocales. Atravesamos esta reserva natural y de caza que finaliza con fuerte subida en el Cerro del Calvario, magnífica atalaya sobre Almadén de la Plata que nos proporciona una fantástica panorámica.

Hasta El Real de la Jara, encontraremos innumerables cancelas que dejaremos como encontremos. Entre encinas, alcanzaremos la Finca La Postura; una senda entre jaras y encinas nos llevará a cruzar sobre el arroyo de la Víbora; y en ligero ascenso junto a este cauce, el camino nos lleva a la finca Arroyo Mateos. Tras la finca, en 4 km prácticamente llanos, una amplia pista nos llevará hasta El Real de la Jara, último pueblo andaluz de la ruta.

Con la vista en el castillo que domina la localidad, se abandona El Real de la Jara para tomar el amplio cordel de Monesterio. Pronto cruzamos el límite de la provincia de Sevilla y entramos en Badajoz, donde nos sorprenden las ruinas del castillo de las Torres.

Rodeados de encinas, alcornoques y chaparros, la jornada concluye con el reencuentro con la N-630, cuyo rastro perdimos en Santiponce. Un ascenso tendido de 3,5 km, con la N-630 a nuestra derecha, nos sitúan en lo alto del puerto de la Cruz, que sirve de entrada a Monesterio.
[/fruitful_tab]

ETAPA 2 MONESTERIO ALCUESCAR
Los primeros kilómetros de la etapa transcurren en plena dehesa extremeña, rodeados de encinares y vigilados por muretes de piedra, antiguo límite de propiedad que encontraremos frecuentemente a lo largo de Extremadura y Castilla. Como en la etapa anterior, atravesaremos varias fincas valladas, con sus portelas correspondientes, y varios pasos canadienses.

En moderado descenso, la dehesa se rinde a una extensa llanura de cultivos y ante nuestros ojos aparece enseguida Fuente de Cantos (distante aún 10 km). Pasaremos junto a la Villa «Camino de Santiago», decorada con dos cerámicas que marcan los kilómetros realizados desde Sevilla… y los que aún faltan hasta Santiago de Compostela.

Tras Fuente de Cantos, tomamos una pista de tierra bajo la cual se encuentra la antigua Calzada romana. Sin apenas sorpresas (salvo algún curso de agua, dependiendo de la fecha), el Camino atraviesa las localidades de Calzadilla de los Barros y Puebla de Sancho Pérez hasta llegar a Zafra, cabeza de la comarca con un sobresaliente conjunto histórico.

Con la torre de San Francisco como referencia, continuamos por una suave cuesta que asciende, entre propiedades particulares, hasta la sierra de San Cristóbal. Aquí, el Camino se convierte de nuevo en cómodo descenso, y agradeceremos que sea así hasta el fin de etapa. Atravesamos las localidades de Los Santos de Maimona, Villafranca de los Barros (Ciudad de la Música) y Torremejía.

Tras una etapa de 107 km (con lo que ya habremos acumulado… 217 km desde Sevilla), el puente sobre el río Guadiana nos da la bienvenida a la ciudad imperial de Emerita Augusta.

Tomamos la carretera del embalse de Proserpina, en cómodo ascenso, hasta un crucero de piedra, donde nos espera un tramo de bajada hasta la presa romana de Proserpina, el embalse artificial más grande del mundo romano mediterráneo.

Tras la presa, un camino a mano derecha evita el asfalto y bordea el lago. Un tramo de carretera y un camino algo desdibujado, nos guían hasta otro más ancho delimitado por dos vallas de fincas de caza. Tras un paso canadiense y algunas cancelas, entre encinas y alcornoques, entramos en El Carrascalejo por la calle Camino de Santiago.

Tras una zona de viñedos, atravesamos un túnel bajo la autovía decorado con dibujos santiaguistas; un pequeño repecho, donde se levanta una Cruz de Santiago, nos lleva hasta Aljucén.

Por delante, 20 km de Camino solitario recorriendo parte del Parque Natural de Cornalvo y Sierra Bermeja, un gran espacio adehesado de bosque mediterráneo. Encinas, alcornoques, algún que otro paso canadiense y… más cancelas, nos llevarán hasta el límite provincial entre Badajoz y Cáceres, que coincide con un cartel de fin de recorrido por el Parque Natural.

Salvo por algún repecho con torrenteras, iremos ganando altura cómodamente, hasta llegar a Alcuéscar.


Empezamos entre olivares y dehesas hasta Casas de Don Antonio, a la altura del puente medieval sobre el río Ayuela.

En el trayecto hacia Aldea del Cano recuperaremos la Calzada, que avanza paralela a la N-630, salpicada con numerosos miliarios del legado romano. Hasta Valdesalor, un trazado rompepiernas junto a las dehesas del Garabato (en la ladera de una pequeña loma se halla el dolmen del Garabato) y de la Falsa. Poco a poco, las encinas se esparcen cada vez más y el paisaje se vuelve más árido.

El ascenso al puerto de las Camellas, única dificultad destacable del día, nos permite divisar Cáceres, antigua colonia romana conocida como Norba Caesarina y fundada en el 35 a.C.

La salida de la ciudad se hace por la carretera que sale justo al lado de la Plaza de Toros, que dejamos a la derecha, en dirección al Casar de Cáceres. Tras un repecho, se abre ante nosotros una larga recta de asfalto sin arbolado. Después de enlazar con un camino, en el que podremos encontrar algunas zonas con agua o barro, pasamos bajo los puentes de la autovía y enfilamos otra recta que nos llevará hasta la entrada del Casar.

Salimos junto a la ermita de Santiago. Por delante, varios kilómetros de trazado plano y rectilíneo para disfrutar del hermoso paisaje, entre muros de piedra y fincas de ganado. El Camino, a veces senda, continúa entre muros y retamales, dejando atrás varias portelas.

Por el arcén de la N-630, salvamos el curso de los ríos Almonte y Tajo, que forman el extenso embalse de Alcántara. Un camino en subida que rodea el cerro Garrote permite divisar una excelente panorámica del embalse y sus alrededores. El perfil se vuelve más plano y nos sitúa en una meseta desde la que se avista, al frente, el pico Silleta. En la ladera de la sierra se asienta Cañaveral.

Subimos, sin pérdida, los 1.800 m de asfalto que separan Cañaveral de la ermita de San Cristóbal. Aquí comienza la ascensión al puerto de los Castaños, cuyo tramo más duro es el del cortafuegos. El Camino sigue entre alcornoques y encinas, con la Calzada a nuestra izquierda, hasta salir a la carretera de Holguera. A partir de este tramo, que transcurre entre fincas valladas, la etapa se torna llana, fácil y previsible… pero hemos de prestar mucha atención a la señalización.

Continuamos cruzando portelas entre dehesas y bajando hasta la presa de Riolobos, el embalse del Arroyo del Boquerón. La señalización nos lleva hasta un cruce donde cogemos el desvío de la izquierda hacia Galisteo. Tras un fuerte repecho, obtenemos como premio una excelente panorámica de la localidad y su robusta muralla almohade.

El puente medieval sobre el río Jerte, desde el que podemos admirar una hermosa vista del pueblo, da inicio a más de 10 km de asfalto por la comarca del Valle del Alagón, atravesando las localidades de Aldehuela del Jerte y Carcaboso.

Por la gran dificultad del siguiente tramo, las guías recomiendan que se haga siguiendo la carretera Carcaboso-Valdeobispo-Venta Quemada. Pisamos ahora la Cañada Real de la Plata, conocida también como de la Vizana y coincidente con el trazado de la vía romana.

Aguarda nuestra llegada uno de los símbolo de esta Vía. Impresionante en su soledad, como caído del cielo y apostado en una dehesa del valle del Ambroz, el arco cuadriforme de Cáparra posee una atracción difícil de explicar.

Siguiendo la Calzada, pasamos varios riachuelos y portelas. Por pista asfaltada sobre la Calzada, llegamos a la N-630. En bicicleta, las guías recomiendan continuar por la carretera nacional hasta la primera venta. Sin más saltos ni cancelas a la vista, seguimos por la Cañada Real de la Vizana. Pasamos bajo la autovía y enfilamos la recta hasta Aldeanueva del Camino.


Salimos de inicio por carretera, para después continuar por la reconstruida Calzada que nos lleva hacia la ermita del Humilladero, a las puertas de Baños de Montemayor. No hay mejor comienzo posible que afrontar la subida al Puerto de Béjar por el tramo de la calzada romana que aflora a la salida de Baños de Montemayor, restaurado en la década de los 70. La subida se torna más agradable, evitando el asfalto y las revueltas de la N-630.

En plena ascensión, decimos adiós a Extremadura y nos adentramos en Castilla por la provincia de Salamanca (en el límite de provincias hay una alcantarilla romana). La senda nos devuelve de nuevo a la carretera y por ella alcanzamos el alto.

La presencia de miliarios gana por goleada a cualquier otro tipo de vestigios romanos que aún sobreviven en la Calzada milenaria. Siguiendo la Calzada, tras el puente de la Magdalena (popularmente de La Malena), un corral a mano derecha guarda uno de los miliarios mejor conservados de toda la Vía: se trata del número CXXXIII, quizás el miliario con más inscripciones de toda la Vía.

Disfrutamos de un tramo de 3 km junto al río, que discurre a nuestra derecha; enlazamos de nuevo con la antigua Calzada, que sube bruscamente para después suavizarse hasta llegar a Calzada de Béjar. Salimos de la localidad por carretera, aunque enseguida volvemos a coger el Camino, para llanear durante 6 km por el valle del Sangusín.

No tardamos en cruzar Valverde de Valdelacasa para tomar la carretera que cubre la antigua Calzada y que nos conduce, en suave pero constante subida, hasta la siguiente población: Valdelacasa. A 2 km sale la Calzada, recientemente recuperada. Rodeados de robles, aún retomamos una vez más la carretera, para llegar por ella a Fuenterroble de Salvatierra.

Abandonamos el asfalto y continuamos por una amplia vereda de ganados bajo la que se disfraza la Calzada, que en línea recta nos lleva hasta el paraje conocido por la Fuensanta. El paisaje lo forman algunas encinas diseminadas por el pasto y dos cercas de hormigón y alambre que delimitan la anchura del cordel.

Llegamos hasta el arroyo de Navalcuervo y, tras un pequeño repecho, a un encinar donde se alza una cruz de madera y una choza construida con ramas. Iniciamos aquí la subida al Pico de la Dueña, la cota más alta desde Sevilla, donde se alza una gran cruz de Santiago, que se encargó de subir el párroco de Fuenterroble, Blas Rodríguez.

Bajamos y continuamos al lado de la carretera hasta la dehesa de Calzadilla de los Mendigos. A la izquierda, los restos de una iglesia en cuya puerta hay dos miliarios incompletos. Seguimos por carretera hasta San Pedro de Rozados. Por una amplia y despejada pista que, en línea recta, sigue el tendido de postes telefónicos, llegamos a Morille.

Tras varios toboganes, cambia el paisaje y nos internamos por una zona más agradable poblada de encinas. En breve, vemos al frente un universo menos verde y más ocre que nos anuncia la llegada de las pistas de concentración y el adiós al cobijo de la sombra. Por esta llanura que empieza a monopolizar todo se llega a la vega del Tormes y su puente romano para entrar en Salamanca.

Nada más comenzar la etapa, un mojón nos señala la cifra de los kilómetros restantes a Santiago… son 444.

Etapa de interminables tramos de concentración parcelaria, con sus trazados perpendiculares. Dirección Zamora, avanzamos hasta la cercana Aldeaseca de la Armuña. Comenzando a familiarizarnos con las pistas de concentración parcelaria, afrontamos un pequeño repecho y, sin nada más destacable, llegamos a Castellanos de Villiquera.

Concentrados en el horizonte (en el que sobresale la torre de la iglesia de Santa Elena) y el piso de la pista (remarcado por las huellas de tractores, lugareños y otros peregrinos), llegaremos a Calzada de Valdunciel.

Hasta El Cubo de la Tierra del Vino, distante 20 km, no encontraremos otro lugar donde abastecemos. La N-630 impone su ley, obligándonos a transitar por ella durante gran parte de este tramo de veinte kilómetros caracterizado por la ausencia de localidades intermedias.

Cruzaremos la carretera que se dirige al castillo del Buen Amor, aunque seguimos de frente por el Camino. Después de cruzar el límite provincial con Zamora, llegamos al cruce que se dirige hasta El Cubo de la Tierra del Vino.

Salimos de El Cubo retomando la carretera antigua. Cruzamos el puente sobre el arroyo San Cristóbal, tras el que nos esperan más de 5 km por pista y una larga recta surgida a consecuencia de la concentración parcelaria. El trazado comienza a descender suavemente, haciéndose más patente la presencia de viñedos. Tras pasar un par de modernos miliarios y cruzar una carretera, entramos en Villanueva de Campeán.

Cruzamos sobre el arroyo de los Barrios y seguimos rectos por la pista. Al fondo veremos el pueblo de San Marcial, que dejamos a nuestra izquierda. El Camino asciende hasta una loma tras la que ya se divisa Zamora, aún distante 11 km.

Con Zamora ya a nuestros pies, descendemos por la calle de Fermoselle, avanzando ya en paralelo a la orilla del río Duero. Salvamos el río por el puente medieval (aún se mantienen algunos restos del puente viejo) y entramos en la romana Ocelo Duri.

Tomamos la ZA-900, donde está la cruz del Rey Don Sancho y una estela que marca los kilómetros restantes a Santiago… 377. El paisaje de la etapa se resume de nuevo aquí en un horizonte surcado por largas rectas, flanqueadas por los campos de trigo de la Tierra del Pan.

De esta manera, continuamos por la infinita recta de una nueva pista de concentración, cansados de llanura y guijarros sueltos. Dejamos Montamarta y cogemos un camino que baja hasta la cola del embalse de Ricobayo, para subir después hasta las ruinas de Castrotorafe (el Camino no entra en el recinto, pero esta ciudad medieval merece al menos una breve visita).

Atravesaremos Fontanillas de Castro y Riego del Camino, cansados pero con ganas de llegar al final de la etapa. Y así llegamos a Granja de Moreruela, de sonoro nombre, cruce de caminos que nos llevan a Santiago. Esta noche tocará decidir si continuar por la Vía de la Plata hacia Astorga o escoger el Camino Sanabrés que llega a Santiago de Compostela vía Orense.

Etapa de transición, desde Granja de Moreruela hasta Foncebadon, para los peregrinos que deseen enlazar con el Camino Francés hasta Santiago de Compostela. Como referencia, avanzaremos paralelos a la N-630. La etapa aprovecha cualquier camino, senda o pista paralela a la Nacional para evitar el asfalto y enlazar las fértiles poblaciones de Santovenia del Esla, Villaveza del Agua y Barcial del Barco, donde sobresale la torre octogonal de la iglesia de Santa Marina.

Salvo la subida a las inmediaciones del Peñón (a 773 metros de altitud) y la posterior entrada en Villabrázaro (que aparece tras pasar un túnel bajo la carretera), el siguiente tramo discurre siempre por asfalto. La carretera apenas presenta tráfico y ofrece un cómodo pedalear entre las tierras de labor regadas por el río Órbigo y un bosque mediterráneo que nos flanquea por la derecha.

De forma natural, se pasa a una carretera comarcal por la que seguiremos los siguientes 8 km hasta Maire de Castroponce. Decimos adiós a la provincia de Zamora y entramos en tierras leonesas por el puente de La Vizana, que une (o separa, según se mire) ambas provincias. Tras un pequeño rodeo, enseguida llegamos a Alija del Infantado.

A la derecha, sobre un alto, la Cruz del Peregrino nos recuerda que estamos en el buen Camino. Tras cruzar un puente sobre el río Jamuz, la pista que avanza paralela a este afluente del Órbigo va a acompañarnos durante los siguientes 11 km; siempre de la mano del Jamuz, que fluye a nuestra izquierda.

La pista termina y cambia ligeramente el [agradable, aunque monótono] guión, obligándonos a rodear una hilera de árboles y a continuar de frente por una senda marcada por el constante paso de los peregrinos.

Al igual que la entrada a La Bañeza, la salida desde está perfectamente señalizada. Así pues, seguimos las flechas amarillas para tomar la carretera que nos conduce a Santiago de la Valduerna.

Debido a la concentración parcelaria, el Camino avanza trabajosamente entre una maraña de pistas de uso agrícola, haciendo estos giros en ángulo recto que nos pueden despistar, por lo que es conveniente permanecer muy atentos para llegar sin novedad a la siguiente localidad.

Ni siquiera unos kilómetros por la N-VI empañan un final de jornada que procura no pisar el asfalto y que, tras Palacios de Valduerna, nos regala una bonita pista forestal arcillosa rodeada de monte bajo de chaparros, jaras y tomillo.

El puente romano de Valimbre sobre el río Turienzo es el último vestigio romano que encuentra el peregrino antes de entrar en Asturica Augusta. En Astorga, fin de nuestra peregrinación por la Vía de la Plata y lugar de enlace con el Camino Francés, se cumplen 705 km desde Sevilla.

La Cruz de Ferro supone nuestro primer contacto con la «alta montaña», marcada por las exigentes pendientes de O Cebreiro).

Dejamos así la emblemática ciudad de Astorga a través de sus nobles murallas. Con el punto de mira en los Montes de León, el Camino Francés se interna por la Maragatería, comarca habitada en su día por arrieros.

Bajamos suavemente hasta la altura de Valdeviejas, donde se encuentra la ermita del Ecce Homo, construcción del siglo XVIII, restaurada completamente en 2007. Un andadero al pie de la LE-142 nos conduce, tras salvar el cauce del río Jerga, hasta Murias de Rechivaldo.

Ascendiendo de forma muy tendida, llegamos a Santa Catalina de Somoza, que atravesamos por la calle Real (coincidente, como en muchos otros pueblos, con la sirga peregrinal). A la salida, recuperamos el andadero que, de nuevo en un ascenso casi imperceptible, nos acerca hasta la población de El Ganso. Aquí nos aguarda el mismo guión: la monotonía del andadero (que se estrecha en algunos tramos y obliga a continuar sobre el asfalto).

Desde Astorga hasta Rabanal del Camino habremos ascendido unos 280 metros de altitud en 20 km, una subida muy tendida y casi imperceptible. Desde Rabanal a Foncebadón, subiremos otros 280 metros en apenas 5 kilómetros, un ascenso menos llevadero pero nada exigente.

En bicicleta, las guías recomiendan hacer la subida a Foncebadón enteramente por el asfalto de la carretera LE-142.

El Camino Francés llega a su techo junto a la Cruz de Ferro, clavada sobre un montículo de piedras a 1.500 metros de altitud. De espaldas a la cruz, es tradición arrojar una piedra al montón ya levantado. En apenas 2,3 km después de la Cruz de Ferro, nos plantamos en el refugio templario de Manjarín, el albergue más peculiar del Camino.

Aquí se retomaría la senda paralela a la LE-142. Pero la senda es pedregosa y en fuerte pendiente, por lo que [en bicicleta] se recomienda tomar la carretera desde Foncebadón y circular por ella (al menos, hasta Molinaseca, donde los ciclistas ya podremos retomar la señalización oficial hasta Ponferrada).

Un kilómetro después de la base militar comienza realmente el descenso de Transmisiones, con vistas a Ponferrada (desde la distancia, se distingue en ella una mancha negra que se corresponde con la torre de la Rosaleda, de más de 100 metros).

El Santuario de la Virgen de las Angustias, de finales del XVII, cede el paso al puente medieval sobre el río Meruelo, por el que entramos en Molinaseca.

Dejamos la compañía de la carretera tras una pista de tenis y tomamos un camino que progresa cerca del río Meruelo y que, más adelante, se va acercando a la carretera. Una pista con algún tobogán, molesto a estas alturas de etapa, conduce hasta Campo.

La «alta montaña» llega al Camino de Santiago. Afrontamos la etapa reina, seguramente la más recordada a la vuelta de la peregrinación. La Hoya del Bierzo, una llanura resguardada por montañas que impiden el paso del clima atlántico, da paso al valle del encajonado río Valcarce, que nos servirá de guía hasta la cima de O Cebreiro.

El ascenso «definitivo» se hará esperar (en los primeros 43 km de etapa, tan sólo se ascienden 170 m de altitud) y no será patente hasta sobrepasado el barrio de Hospital. Es a partir de aquí cuando empieza de verdad la subida: en los casi 8 km hasta O Cebreiro, se superan 630 m de desnivel. El tramo más duro se encuentra entre Hospital y La Faba, aunque la pendiente continúa siendo muy respetable hasta Laguna de Castilla.

La salida de Ponferrada es un largo rodeo, hacia el norte, donde se encuentra el barrio de Compostilla, aunque enseguida alcanzamos Columbrianos, una de las localidades más antiguas de la comarca (muy anterior a Ponferrrada).

El tramo que empieza tras Camponaraya, es el más relajante de la jornada. La Hoya del Bierzo luce su mejor paisaje, siempre salpicado de viñedos y chopos. De importancia estratégica en el sector vinícola es Cacabelos, con numerosas bodegas productoras de Vinos de la Denominación de Origen Bierzo.

Hasta Pieros hay que sudar un exigente repecho por el arcén de la antigua N-VI. Por un camino de gravilla, afrontamos una nueva fuerte subida que da paso a varios toboganes hasta las primeras casas de Villafranca del Bierzo. Tras Villafranca, llegamos a un carril peatonal que avanza encajonado entre la autovía A-6 y la N-VI. Escoltados por los chopos de la ribera del Valcarce y por castaños de gran porte, llegamos a Pereje. No abandonamos el carril peatonal hasta tomar el desvío a Trabadelo.

Pedalearemos ahora por una pista asfaltada, hasta superar un arroyo que alimenta al río Valcarce. De nuevo por el carril peatonal, nos sitúa en La Portela de Valcarce, cuyo nombre alude al portazgo que debían pagar a los señores feudales los viajeros que atravesaban el valle. Tras La Portela, tomamos el desvío hacia Ambasmestas y Vega de Valcarce. Por la carretera que traemos, paralela a la N-VI, nos dirigimos ahora hasta Ruitelán. La base del puerto ya está cerca,… y los nervios a flor de piel.

A la salida de Ruitelán, la pendiente se recrudece un poco,… tan sólo un pequeño aperitivo de lo que vendrá después. Algo más arriba, a la izquierda, tomamos el desvío que baja hasta Las Herrerías.

Cruzamos Las Herrerías, hasta el barrio de Hospital, donde comienza la verdadera ascensión a O Cebreiro. Un duro repecho de casi 1 km, como salido de la nada, nos invita a replantearnos la estrategia, que consistirá en bajar el ritmo, meter todo el desarrollo y acompasar la respiración.

Los peregrinos que hagan la subida a pie podrán tomar la senda que nace en plena subida, a la izquierda de la pista asfaltada. Los ciclistas habrán de continuar de frente, por el asfalto.

Las amplias panorámicas influyen en la percepción de la pendiente, que se torna ligeramente más suave hasta alcanzar el último pueblo de León en el Camino Francés: Laguna de Castilla. Pasada Laguna de Castilla, aparece el primer mojón jacobeo con señalización de distancias. Es el 152,5 y lleva la inscripción de «Os Santos» (del Teso dos Santos). El Camino se despide de León y por fin pisamos Galicia.

Fatigados, a punto de concluir el tramo más duro de la etapa reina, solventamos el último kilómetro de ascensión hasta la iglesia prerrománica de Santa María la Real, que da la bienvenida a O Cebreiro. Todo en este paraje es mágico y misterioso: las pallozas, el viento, la niebla,…

Aún ascendemos hasta los 1.370 metros en las inmediaciones del Teso da Cruz y el siguiente alto, el Alto de San Roque, no tarda en llegar. Ante una amplia panorámica, se alza la escultura de un peregrino medieval que avanza contra el viento. La senda desciende ligeramente hasta los 1.205 metros y un falso llano nos aproxima hasta Hospital de la Condesa.

A la salida de Padornelo afrontamos una durísima aunque breve cuesta por la que alcanzamos el Alto do Poio.

El descenso comienza a hacerse patente. Nos separan apenas 7 km de Triacastela y aún debemos perder unos 530 m de altitud. En la bajada, una curva pronunciada permite ver de frente el monte Oribio, de 1.443 metros de altitud.

En el fondo del valle, se encuentra Triacastela, donde se bifurca el Camino a Sarria y hay que escoger: a mano izquierda, por Samos; a mano derecha, por San Xil.

Tomamos el desvío a San Xil y cogemos un camino que conduce hasta A Balsa. Continuamos rodeados de frondosos robles hasta desembocar de nuevo en la carretera. Un buen repecho por asfalto nos deja a la altura de San Xil.

El itinerario continúa su ascenso por la carretera, al principio en falso llano, para endurecerse después, hasta las inmediaciones del alto de Riocabo. La bajada a Montán es peligrosa, ya que el piso está formado por lajas de piedra. Continuamos el descenso hasta la aldea de Fontearcuda. Por asfalto llegamos finalmente a Furela. Las tupidas manchas de robles y castaños dan paso a verdes prados.

Tras Aguiada, el Camino retoma una senda paralela a la carretera. Con vistas de Sarria, este andadero de tierra sigue progresando por pequeños toboganes. Llegamos por fin a Sarria, lugar escogido por muchos caminantes para iniciar la peregrinación, ya que se encuentra en la distancia mínima para conseguir la Compostela.

La etapa, aparentemente, no entraña dificultad alguna: kilometraje asequible y paisajes reconfortantes. Sin embargo, los primeros 13 km hasta Ferreiros (donde abundan más los falsos llanos y las subidas que las bajadas), la imposibilidad de mantener un ritmo constante debido a la orografía ondulada y el cambio frecuente de piso convierten esta jornada en algo más que un mero paseo rural.

En este primer tramo pasamos junto a una fuente decorada con Pelegrín, la mascota del Xacobeo’93. Avanzamos por camino entre bajos muros de piedra y castaños hacia Cortiñas (mojón 102), Lavandeira (mojón 101,5) y Brea (mojón 100,5) para llegar a un falso mojón de los 100 km y, unos metros más adelante, al verdadero, coronado de piedras y bañado en graffiti. Bastaría comenzar a pie en este punto para obtener la Compostela… pero la peregrinación es mucho más que un certificado firmado.

En cuesta, alcanzamos Ferreiros. Bajamos por pista asfaltada hasta el inmediato Mirallos (mojón 98). El Camino se dirige por asfalto a A Pena y posteriormente a Couto y Rozas (mojón 97). Pasamos Mercadoiro y el itinerario visita Moutrás. Tras una cuesta y pistas asfaltadas, descendemos hasta Parrocha y Vilachá. Un brusco descenso nos acerca hasta el río Miño, embalsado por Belesar (mojón 90). El puente, de más de 350 m de longitud, nos acerca hasta el Portomarín de fachadas blancas y tejados grises.

La ciudad antigua de Portomarín está sumergida en el embalse de Belesar. El pueblo tuvo que ser reconstruido en 1960, en una ladera segura.

El mojón 89 nos guía por un camino que sube apaciblemente por la falda del monte San Antonio. Ascendemos aproximadamente 1 km y comenzamos a llanear entre pinos y prados.

De un andadero a otro, llegamos a Toxibo (mojón 85,5), pasamos un merendero y tiramos hasta la cercana parroquia de Gonzar, donde tomamos una pista que sube a Castromaior. Hasta el alto de la Sierra de Ligonde, se supera un desnivel de 335 m, pero se pasa con facilidad. Tan sólo un exigente repecho de 700 m a la salida de Castromaior, tras el que llegamos a Hospital da Cruz, aldea de la parroquia de San Mamede de O Río (mojón 78,5). La siguiente población que visitamos es Ventas de Narón.

En suave ascenso, llegamos hasta el mojón 76,5, que anuncia la Sierra de Ligonde. Disfrutamos de un buen tramo en descenso. Justo antes de entrar en Ligonde se encuentra el célebre cruceiro de Lameiros (1670).

A la salida de Ligonde, remontamos el tobogán hasta Airexe. Después alcanzamos la aldea de Portos (mojón 71) y la parroquia de Santiago de Lestedo (mojón 70,5). Posteriormente viene A Brea, Avenostre y, después, O Rosario, lugar donde los peregrinos rezaban un rosario ante la vista del Monte Sacro. Unos metros más y llegamos a Palas de Rei.

El tramo de etapa entre Palas de Rei y Arzúa luce un perfil «rompepiernas», que lo convierte en un verdadero reto. Un sinfín de toboganes y escenarios mágicos como el del río Catasol hasta Ribadixo da Baixo y Arzúa, donde a su vez conecta el Camino del Norte.

Entre Arzúa y la Catedral de Santiago median casi 40 km. El Concello de Arzúa cede el testigo al de O Pino en un trayecto cómodo, con pendientes más fáciles y por pistas siempre cercanas a la N-547. Los eucaliptos pueblan, cada vez más, el paisaje gallego. Los prados particulares se suceden uno tras otro. Viajamos por pistas revestidas de hojarasca y propensas a ensuciarse a poco que llueva.

En O Pedrouzo, el pedaleo se torna sereno. Fin de etapa y en las puertas de Santiago.


La etapa más importante del Camino… la última. Atrás quedan las experiencias de muchos días de Camino, una experiencia que dejará su peculiar huella en nuestra propia existencia.

Sobre pistas de hojarasca, entre las últimas manchas de eucaliptos y robles, llegan las últimas aldeas de O Pino.

Tan sólo 20 km ya, frente a los casi 1.000 completados desde nuestro primer día en Sevilla. Lejos, muy lejos, quedan ya los bosques mediterráneos, las fincas pobladas de jaras y encinas, la dehesa extremeña, la vasta meseta castellana y sus extensas llanuras de cultivo, e incluso los montes de León y el mítico O Cebreiro, que franqueamos ayer mismo.

Un monolito esculpido con el bordón, la calabaza y la vieira anuncia la entrada en el municipio de Santiago. Rodeamos el perímetro del aeropuerto, dejando a mano izquierda varias hileras de balizas, y entramos en San Paio.

Por pista asfaltada, una cómoda subida finaliza en el esperado Monte do Gozo. Desde este punto obtenemos la primera panorámica de Santiago y su Catedral.

Finalmente, entramos bajo el Arco del Palacio por un pasadizo, para acceder a la Plaza del Obradoiro, donde termina nuestra aventura. Mientras nos encaminamos al centro mismo de la plaza, vamos descubriendo cada detalle de la fachada occidental. Es difícil no emocionarse. Llegar a Santiago de Compostela como peregrino es una experiencia inigualable… pocos viajes son comparables a este.

La Catedral representa el culmen del Camino y en ella descansa el apóstol, que provoca que centenares de miles de personas emprendan año tras año un viaje lleno de fatigas y experiencias que se convertirán en recuerdos para toda la vida.

Tras subir por la escalinata de la catedral, admirar el Pórtico de la Gloria, dar el abrazo al Santo y descender a su sepulcro, la gran mayoría se dirige a la Oficina del Peregrino. Está en la rúa do Vilar, muy cerca de la fuente de las Platerías. Esperaremos nuestro turno, rellenaremos un pequeño formulario, nos pondrán el sello de Santiago en la credencial y nos darán, si así lo queremos, la Compostela.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política. Información ACEPTAR
Aviso de cookies